27 Abr

Tiempo de calidad con nuestros hijos

No es lo mismo pasar tiempo con nuestros hijos, que realmente “compartir” con ellos.
Dejar el celular, la computadora, las tareas de la casa para otro momento y realmente estar DISPONIBLES para nuestros hijos. Sentarnos en el piso a jugar con ellos, escuchar lo que hicieron en el día; contarles sobre nuestras actividades, cantar una canción, ver juntos el cuaderno del colegio, cocinar algo con ellos; jugar su juego, con sus reglas y no con las nuestras, dejar los “no” por unos minutos afuera, y mostrarnos flexibles y abiertos a entrar en su mundo.
Si queremos hijos sinceros, expresivos, que confíen en nosotros, debemos demostrarles cuánto nos importa estar con ellos; conocerlos, descubrirlos, aprender juntos todos los días. Debemos generar espacios de comunicación, de unión, expresar nuestras emociones y priorizar las suyas.
Estas son las condiciones para que se desarrolle la tan mencionada “autoestima”, y se forjen personalidades confiadas y seguras.
Si pudiéramos hacer esto, al menos un rato todos los días, cuántos menos chicos enojados, aburridos, agresivos, y solitarios habría.

27 Abr

¿Qué es el Puerperio?

El puerperio es aquel período de tiempo  que comienza con el nacimiento del hijo,   y  se extiende hasta -aproximadamente- los dos años de edad del niño (incluye los meses que dure la lactancia).
Es una etapa en la vida de la mujer donde se  transita un camino de unión/fusión con su bebé, de un intenso influjo hormonal, de un profundo viaje al interior de sus emociones, de su historia, de sus lugares oscuros y luminosos. Madre e hijo dependen uno del otro y se regulan mutuamente a nivel físico y emocional.
Es un momento de alta sensibilidad para las mamás y es imperante contar con el apoyo del entorno durante esta etapa.

¿Qué necesita la mujer durante el puerperio?:  Necesita comprensión, respeto y confianza en sí misma. Necesita estar acompañada, contenida y sostenida para poder cuidar amorosamente de su pequeño cachorro, y atravesar este período, como una oportunidad privilegiada de evolución personal.
¿Qué NO necesita?: que cuestionen o desautoricen su forma de maternar, que la llenen de “recetas universales”, consejos basados en experiencias propias. Que la juzguen.
¿Cómo podemos ayudar y acompañar a una mamá reciente?: Visitándola solamente cuando ella lo requiere, ayudándola con las tareas de la casa para que pueda estar tranquila con su bebé, preparándole comida rica y saludable, haciéndole un masaje, escuchándola y conteniéndola, expresándole lo importante del trabajo que hace todos los días maternando a su bebé.
Porque como todo momento en la vida, este también pasará; pero de nosotras, y de nuestro entorno depende, cómo salgamos de esta intensa experiencia vital.

18 Abr

Cuando los niños no quieren compartir

El concepto de “compartir” abarca mucho más que prestar un juguete a un amigo. Implica registrarme a mí, a un otro, que es diferente; lo que es mío, lo que es tuyo; tener adquirida la capacidad de postergar algo que quiero ahora para satisfacerlo más adelante: “no voy a jugar con eso ahora porque se lo presté a mi amigo, pero si espero tranquilamente, lo tendré en un rato”.
Los niños pequeños no cuentan con estos recursos y les resulta sumamente invasivo y hostil que los obliguen a compartir sus cosas. Demorarán mucho tiempo en poder realizar estos razonamientos tan avanzados. Pensemos cuántas veces le decimos a un niño que no toque el celular, la computadora, “porque son nuestros”, y luego pretendemos que para ellos sea lo más natural desprenderse de sus objetos para dárselos a un compañero. Y -por supuesto- que lo hagan con una sonrisa!.
Las frases como “qué feo que no quieras compartir” o “qué egoísta”, son muy dolorosas para los chicos.
Ofrezcamos alternativas: “el juguete que querés ahora lo está usando tu amigo; pero podés jugar con este otro mientras esperamos que termine”. También es buena idea ofrecer para jugar (cuando son dos niños) juguetes que tengamos repetidos (por ejemplo, dos autitos iguales, dos pelotitas) para que cada uno tenga el suyo. Seamos empáticos tanto cuando nuestro hijo quiere algo que no puede tener en ese instante, como cuando está jugando con algo que no quiere soltar. Si ellos sienten que se los respeta cuando tienen sus cosas , podrán también aceptar naturalmente, la espera cuando no pueden tenerlas. Y eventualmente sentirán el deseo de compartir, genuinamente; -y no de manera obligada- que es en definitiva, la única manera de realmente “compartir”.

03 Abr

¿Dejar llorar o consolar a nuestros hijos?

Dejar llorar a un niño pudiendo consolarlo, para que “aprenda” a calmarse solo, “aprenda” a dormir, “aprenda” que en la vida no se puede todo; es perjudicial para su salud física y emocional. Se altera el funcionamiento de las hormonas que regulan las emociones y el desarrollo cerebral.
Los niños no “aprenden” todas esas cosas, simplemente entienden -con un costo altísimo-, que no cuentan con un adulto que los acompañe y sostenga cuando lo necesitan.
Consolar no es sinónimo de consentir; por supuesto que no se trata de hacer todo el tiempo lo que él quiere, sino de acompañarlo. Cuando un niño llora, necesita presencia, palabras, contacto; especialmente para aceptar un “no” o para sentirse contenido durante el tiempo que le lleve adquirir los hábitos que requieren más tiempo (como por ejemplo el dormir).
Dejar llorar sistemáticamente a los niños produce un exceso de cortisol, la hormona que se activa en los momentos de estrés, generando consecuencias a nivel cerebral comprobadas a corto y largo plazo.