11 Mar

Alimentación Infantil, alimentación familiar

El “comer” es un acto que implica mucho más que “alimentarse”. Si bien pareciera que el objetivo principal es el nutricional, también es un momento para conectarse con el placer, con los sentidos, es hacer una pausa y dedicarse un tiempo para uno mismo, es compartir en familia  o con los pares (cuando se come acompañado), entre otras cosas.

Me parece importante aclarar que respecto del “peso”, es esperable y está dentro de los parámetros normales que haya períodos de mayor y menor aumento. Tal vez estamos esperando que su nuestro hijo/a siga aumentando de peso conforme lo hacía cuando era más pequeño/a, pero está estudiado que el aumento de peso no es lineal, como casi todo en el desarrollo infantil, y hay algunos factores a tener en cuenta la hora de evaluar estos períodos donde el crecimiento parece “detenido”.

Dicho esto, me parece importante que trabajemos sobre algunas de las cosas que cuentan respecto de lo actitudinal de nuestros hijos y nosotros los adultos a la hora de comer. Es decir, quisiera que nos detengamos a hablar de la “alimentación familiar”.

Es muy común encontrarnos con consultas de papás que describen que sus hijos son “muy selectivos” con las comidas y que solo acepta unos pocos alimentos.

Respecto de esto, hay un concepto denominado “Neofobia”, que refiere al miedo o resistencia hacia cosas o experiencias nuevas. Esto se presenta también en los niños a la hora de comer y de incorporar nuevos alimentos, es decir que cuando uds le ofrecen algo nuevo y ell niño/a lo rechaza, no necesariamente quiere decir que “no le gusta”, muchas veces es cuestión de continuar ofreciéndolo en otras oportunidades y esperar el tiempo que necesita para familiarizarse con el nuevo sabor, textura, aroma, etc. A veces hay que ofrecerlo MUCHAS veces.  Si quiere comer siempre lo mismo, debe saber que hay disponibles muchos otros alimentos, variados en formas, colores y nutrientes; y estos deben estar a su alcance a la hora de comer. Luego es cuestión de confiar en las habilidades de nuestro hijo/a para incorporar nuevas experiencias. Por esto es de vital importancia pensar cómo comemos nosotros, los adultos, los papás. Los bebés aprenden a comer copiando, y si nosotros comemos variado, de manera saludable y elegimos alimentos nutritivos, es de esperar que nuestro hijo/a lo haga también. Por el contrario si tenemos una dieta restringida, pobre y monótona… ¿Desde dónde podemos esperar que nuestro hijo/a desarrolle una conducta diferente?

También es importante entender que a medida que los bebés van creciendo, van teniendo una persoanlidad más firme y definida. Esto incluye también la toma de decisiones. Comienzan a elegir. “Qué quiero y qué no”, “Qué me gusta y cuándo”. Esto es un signo de madurez y es considerado un logro. Hay que respetarlo. Hay que aceptar también los límites que nuestros hijos proponen. No se trata de imponerle al niño/a que coma lo que no quiere, sino más bien de motivarlo/a a que quiera comer, que quiera probar nuevos sabores, que se vincule positivamente con el momento de sentarse a la mesa, de compartir.  En este sentido cobra muchísima importancia el momento de la comida familiar, y fomentar que el niño/a se conecte con esa situación y la viva de manera agradable. En esto es crucial la actitud de los papás. Sentarse a la mesa dispuestos a compartir un momento, a conversar, a mirarse a los ojos, a dejar el celular y la tele de lado por un rato.
Es mejor comer menos cantidad pero de una manera saludable e ir fomentando la calidad alimenticia por sobre la cantidad.
Seamos conscientes de que somos el ejemplo, tomemos esta tarea con responsabilidad y amor.