30 Jun

¿Qué es la Exterogestación?

Sabemos que es muy común escuchar en las madres primerizas, el cansancio que se siente durante los primeros meses en el cuidado de los bebés. Los niños son muy demandantes, quieren estar permanentemente en el pecho o en los brazos de su mamá; lloran si se los deja solos, duermen cortado…. Un gran desafío para cualquier mamá (y papá).
Pero todo esto tiene una causa, que está explicada dentro del concepto de “Exterogestación”. ¿Y qué quiere decir esto?. La palabra significa “Gestación Externa”. Ocurre que en la especie humana, nacemos inmaduros, debido a que si permaneciéramos creciendo más tiempo en la panza de nuestra madre, nuestra cabeza adquiriría un tamaño que no le permitiría pasar por el canal de parto; por consiguiente,nacemos antes que nuestro organismo adquiera la madurez y el desarrollo necesario para tener una “mínima independencia”, comparada con los animales de las diferentes especies.
Los bebés muestran un estado de particular vulnerabilidad que requiere un intenso acompañamiento de la madre (principalmente) para compensar el tiempo que “faltó” en la gestación intrauterina. Pensemos que estamos hablando de bebés que nacen 9 MESES antes del tiempo ideal… Es mucho tiempo!
En los nueves meses que le siguen al nacimiento, los niños necesitan reproducir lo más que se pueda ese estado tan particular que se vive dentro de la panza…¿Cómo se traduce esto?:
Mucho brazos, mucho contacto piel con piel, mucha teta (a demanda, fuera relojes y cronómetros), mucho mimo, mucha mirada.
Esto explica por qué los niños reclaman tanto la presencia y atención de sus padres; por qué lloran cuando se sienten solos, y por qué es tan importante atenderlos. No se trata de consentir, no se trata de que sean caprichosos o nos manipulen. Realmente nos necesitan. Es una cuestión biológica y evolutiva; no de opinión. Entender las causas, nos ayudará a no pensar que nuestros hijos tienen “algo malo”, a no pensar que” lloran siempre por los cólicos”, o que “hay que dejarlos llorar para que aprendan a calmarse solos”, nos ayudará a tomar con naturalidad este estado de indefensión y fragilidad que presentan y a acompañarlos como ellos necesitan.

08 May

El juego infantil

El juego es una función VITAL para los bebés y niños. Es una actividad íntima y sagrada. Les permite apropiarse del mundo y constituirse subjetivamente.
El niño no juega para “aprender”, sino que “aprende porque juega”.
En el momento del juego, contamos con dos aspectos primordiales: la curiosidad del bebé/niño; y la presencia observadora, respetuosa y no dirigida del adulto que lo acompaña.
El rol del adulto en el juego no es el de impartir reglas y direccionar el juego, sino el de generar las condiciones para que el niño pueda jugar:

Asigna un tiempo al juego: sin apuros, un tiempo flexible y acorde al estado de ánimo del niño en ese momento.
Le proporciona un espacio seguro y amplio, donde el pequeño pueda explorar tranquilamente.
-Le procura materiales: simples, naturales, cotidianos, limpios, acordes a su edad, que le permitan tener un rol “activo” sobre el objeto, de manera de no quedar “atrapados” en la complejidad del juguete (por ejemplo evitar juguetes con luces, sonidos, eléctricos, que no dan lugar a la acción del niño porque el juguete mismo “propone todo”).
Le pone ropa cómoda, flexible y apta para el juego (rompible, manchable).
Cuando los niños son pequeños, pueden compartir un espacio, pero el adulto debe estar atento a que no se perturben mutuamente en la interacción; y solo debe intervenir cuando hay un conflicto que los niños no logran resolver y que genera malestar en alguno de los dos. De lo contrario, se deja que los niños utilicen sus propios recursos.
Es buena idea tener más de un juguete de cada clase, ya que frecuentemente los niños quieren utilizar el mismo del compañero, y no está en sus posiblidades “compartir”, por lo que la mejor opción es que cada uno tenga el juguete que quiere.
Y claro, también es muy agradable y placentero, dedicarnos momentos donde compartimos el juego con nuestros hijos y nos involucramos, participando activamente (que no significa “regulando” el juego), tirándonos al piso con ellos, bailando, dejándonos peinar y maquillar, pateando la pelota o pintando junto a ellos. El juego es una oportunidad de entrar en el mundo de nuestros niños; démosle el lugar y la importancia que merece!