18 Abr

Cuando los niños no quieren compartir

El concepto de “compartir” abarca mucho más que prestar un juguete a un amigo. Implica registrarme a mí, a un otro, que es diferente; lo que es mío, lo que es tuyo; tener adquirida la capacidad de postergar algo que quiero ahora para satisfacerlo más adelante: “no voy a jugar con eso ahora porque se lo presté a mi amigo, pero si espero tranquilamente, lo tendré en un rato”.
Los niños pequeños no cuentan con estos recursos y les resulta sumamente invasivo y hostil que los obliguen a compartir sus cosas. Demorarán mucho tiempo en poder realizar estos razonamientos tan avanzados. Pensemos cuántas veces le decimos a un niño que no toque el celular, la computadora, “porque son nuestros”, y luego pretendemos que para ellos sea lo más natural desprenderse de sus objetos para dárselos a un compañero. Y -por supuesto- que lo hagan con una sonrisa!.
Las frases como “qué feo que no quieras compartir” o “qué egoísta”, son muy dolorosas para los chicos.
Ofrezcamos alternativas: “el juguete que querés ahora lo está usando tu amigo; pero podés jugar con este otro mientras esperamos que termine”. También es buena idea ofrecer para jugar (cuando son dos niños) juguetes que tengamos repetidos (por ejemplo, dos autitos iguales, dos pelotitas) para que cada uno tenga el suyo. Seamos empáticos tanto cuando nuestro hijo quiere algo que no puede tener en ese instante, como cuando está jugando con algo que no quiere soltar. Si ellos sienten que se los respeta cuando tienen sus cosas , podrán también aceptar naturalmente, la espera cuando no pueden tenerlas. Y eventualmente sentirán el deseo de compartir, genuinamente; -y no de manera obligada- que es en definitiva, la única manera de realmente “compartir”.

03 Abr

¿Dejar llorar o consolar a nuestros hijos?

Dejar llorar a un niño pudiendo consolarlo, para que “aprenda” a calmarse solo, “aprenda” a dormir, “aprenda” que en la vida no se puede todo; es perjudicial para su salud física y emocional. Se altera el funcionamiento de las hormonas que regulan las emociones y el desarrollo cerebral.
Los niños no “aprenden” todas esas cosas, simplemente entienden -con un costo altísimo-, que no cuentan con un adulto que los acompañe y sostenga cuando lo necesitan.
Consolar no es sinónimo de consentir; por supuesto que no se trata de hacer todo el tiempo lo que él quiere, sino de acompañarlo. Cuando un niño llora, necesita presencia, palabras, contacto; especialmente para aceptar un “no” o para sentirse contenido durante el tiempo que le lleve adquirir los hábitos que requieren más tiempo (como por ejemplo el dormir).
Dejar llorar sistemáticamente a los niños produce un exceso de cortisol, la hormona que se activa en los momentos de estrés, generando consecuencias a nivel cerebral comprobadas a corto y largo plazo.

11 Mar

Acompañando los cambios

Todos los que somos padres, nos hemos encontrado en más de una oportunidad manejando situaciones novedosas y desafiantes para nuestros hijos. Sabemos que no es fácil para ellos procesar “lo diferente”, y muchas veces les genera ansiedad y angustia.

Pero entonces, ¿cómo ayudarlos desde nuestro rol a atravesar estas vivencias?
Pensemos en ejemplos:
a- Cuando un niño es pequeño y su mamá debe dejarlo en casa para volver al trabajo (luego de su licencia por maternidad).
b- Cuando va a ir a algún médico nuevo, que deberá examinarlo, manipularlo o aplicarle algún tratamiento.
c- Cuando está el niño en un cumpleaños divirtiéndose y lo tenemos que llevar a casa al finalizar.
Cuando los niños experimentan cambios, necesitan un proceso para asimilarlos. Necesitan en principio tiempo (que dependerá de la situación y del niño en particular), y acompañamiento por parte del adulto.
¿Qué herramienta podemos utilizar para sostener a nuestros hijos?
La mejor y más efectiva suele ser: la palabra. Hablemos con nuestros niños, expliquemos -de manera clara- qué es lo que está pasando y por qué. Pongamos sentido a esto que ocurre, para que puedan comprenderlo, procesarlo. Demos lugar a sus preguntas.
Tenga la edad que tenga el niño, aún siendo un bebé de pocos meses, hay que hablar. Ellos comprenden, y necesitan, la palabra de sus padres.
Y no alcanza con decir lo que está pasando “mientras” está pasando. Hay que “anticiparse”. Hay que hablar antes, y repetir, varias veces si hace falta.
Volvamos a los ejemplos:
a- Una semana antes de que la madre deba volver al trabajo, comienza a charlar sobre el tema con su hijo. Le explica, que aunque le gustaría poder estar a su lado, debe volver al trabajo, que es importante para ella, que lo extrañará mucho pero que todos los días volverá a casa lo antes posible para volver a verlo; y que se asegurará de dejarlo con quien sepa cuidarlo (puede decirle ya con quien se va a quedar). Luego, un día antes, vuelve a recordar la charla, le refresca la memoria, si el niño ya habla y pregunta algo, se ocupa de responderle de manera clara sus inquietudes. Luego, el día que se va de su casa, le explica otra vez “mi amor, es hoy el día que debo regresar al trabajo, te acordás que charlamos sobre eso? Serán solo unas horas y me podés llamar las veces que necesites”.
b-Se le explica al niño a dónde está yendo y por qué, por ejemplo: “Hoy iremos al dentista; que es un doctor en quien yo confío y que va a mirar en tu boca para asegurarse de que tus dientes estén creciendo bien, para que puedas seguir disfrutando de la comida como hasta ahora. Tal vez te moleste un poco cuando mire, o revise con sus materiales; pero no te va a pasar nada, y yo voy a estar siempre al lado tuyo para lo que necesites”.
c-No se espera al momento de dejar el cumpleaños para ir a buscar al niño. Se le avisa media hora antes: “Todavía que da un rato para seguir jugando, en media hora ya tendremos que irnos y volver a casa”
Luego diez minutos antes de irse: “te quedan unos minutitos para jugar porque ya pronto nos vamos. Empezá a despedirte de los chicos”. Y nuevamente al momento de partir,  darle algún minuto para saludar a sus amigos y dejar el lugar. Como verán, vamos desde situaciones más complejas a más simples. Pero en todas la lógica es la misma: respeto por el niño, paciencia y acompañamiento, y medidas anticipatorias. Los niños atraviesan todo mucho más naturalmente cuando comprenden lo que está pasando y se sienten seguros.