11 Mar

Algunas consideraciones sobre el sueño de los bebés

El sueño en los bebés y niños pequeños es un tema que despierta mucha ansiedad y preocupación a los padres.

Lo primero que hay que saber es que el sueño es un proceso que se desarrolla desde la panza (donde los bebés también tienen momentos de sueño y de vigilia) y continúa durante toda la vida del sujeto, sufriendo modificaciones a lo largo de las diferentes etapas que atraviesan.

A veces los papás sin darnos cuenta, pretendemos que nuestros hijos se adapten a situaciones que son “antinaturales” para ellos y creemos que “algo anda mal” porque no lo hacen. Pues no es así. Es completamente normal que un bebé tenga despertares frecuentes y si bien a medida que van creciendo tienden a hacer ciclos un poco más largos que dos/tres horas, es posible que no los hagan y que esto no represente un “problema” (aunque resulte muy cansador para los papás).

El bebé nace con el aparato respiratorio y digestivo inmaduros. Como  manera de compensar esto, la composición de la leche materna es “liviana” y no permite un sueño prolongado, ya que el bebé siente hambre frecuentemente y esto lo lleva a despertarse para comer. Esta es una conducta adaptativa que resguarda la salud del bebé; es todo lo contrario de un problema, es una solución. El bebé se despierta y de esta manera se protege de una hipoglucema (baja azúcar en sangre), disfunción respiratoria o incluso muerte súbita.

Entonces, ¿por qué los bebés se despiertan seguido?, porque se supone que deben hacerlo; ya que no están preparados para dormir muchas horas continuas ni sería saludable para ellos hacerlo. De hecho, tampoco los adultos dormimos de manera ininterrumpida toda la noche; y también tenemos “pequeños despertares”, pero muchas veces ni siquiera somos conscientes de esto porque tenemos ya desarrollados mecanismos para volver a conciliar el sueño rápidamente; capacidad que los bebés no poseen y demorarán largo tiempo en adquirir.

Para evaluar si un bebé está descansando todo lo que necesita, es importante poder observar su conducta más allá del sueño: si come bien, si está de buen humor, si se lo nota cansado o demasiado irritable, si juega, si compensa lo que no duerme de noche en sus siestas diurnas. Si todos estos aspectos funcionan más o menos correctamente, es porque el bebé está durmiendo acorde a un desarrollo en evolución y lo que queda como adultos es acompañarlo. También debemos revisar las condiciones en que el bebé duerme y ver de qué manera podemos ayudarlo a conseguir una mejor calidad de sueño (si duerme con sus padres o en otro cuarto, si acuden rápidamente a contenerlo cuando despierta, si tiene libre acceso al pecho por las noches, qué medidas toman sus padres para que vuelva a dormir una vez que despertó)

Una estrategia posible es armar una rutina facilitadora del sueño, esto es un tipo de “ritual” que ayude al bebé a relajarse y prepararse para el dormir. Por ejemplo, un rato antes de acostarse, darle un baño ayudando a relajar los músculos, luego colaborar con un pequeño masaje (es importante asesorarse respecto de la técnica para no generar un efecto opuesto y sobre estimularlo), cantarle alguna canción y luego darle su “teta antes de dormir”.
Y por sobre todas las cosas, estar tranquilos. Nuestros niños van a adquirir el hábito del dormir; lo desarrollarán como todos los otros procesos fisiológicos para lo que están preparados… Siempre y cuando los acompañemos en sus tiempos y necesidades.