03 Abr

¿Dejar llorar o consolar a nuestros hijos?

Dejar llorar a un niño pudiendo consolarlo, para que “aprenda” a calmarse solo, “aprenda” a dormir, “aprenda” que en la vida no se puede todo; es perjudicial para su salud física y emocional. Se altera el funcionamiento de las hormonas que regulan las emociones y el desarrollo cerebral.
Los niños no “aprenden” todas esas cosas, simplemente entienden -con un costo altísimo-, que no cuentan con un adulto que los acompañe y sostenga cuando lo necesitan.
Consolar no es sinónimo de consentir; por supuesto que no se trata de hacer todo el tiempo lo que él quiere, sino de acompañarlo. Cuando un niño llora, necesita presencia, palabras, contacto; especialmente para aceptar un “no” o para sentirse contenido durante el tiempo que le lleve adquirir los hábitos que requieren más tiempo (como por ejemplo el dormir).
Dejar llorar sistemáticamente a los niños produce un exceso de cortisol, la hormona que se activa en los momentos de estrés, generando consecuencias a nivel cerebral comprobadas a corto y largo plazo.